domingo, 3 de julio de 2011

Seminario Kant: la filosofía crítica. Sesión 2 (12 de Mayo)

I.              Introducción

A lo largo de la historia milenaria, desde Parménides, Platón y Aristóteles hasta Tomás de Aquino, Duns Scoto y Suárez, la metafísica clásica se comprendió a sí misma, en frase de Platón, como una “gigantomaquia de las esencias” y no cesó de preguntarse una y otra vez por aquella pregunta que Aristóteles declara desde antiguo, ahora y siempre buscada y siempre abierta: ¿Qué es la sustancia?
Es decir, la metafísica clásica se caracteriza por ser una filosofía del ser. El pensamiento metafísico se orienta principalmente hasta el ser y se piensa el hombre en función su lugar en el conjunto de los entes. Con la filosofía moderna, en cambio, el hombre se sitúa en el centro del universo de los entes y se constituye de algún modo en medida a la que aquéllos han de sujetarse para poder pasar y ser tenidos por tales. El hombre es comprendido en su núcleo esencial como sujeto para que el ser se convierta en objeto de pensamiento. El comienzo cartesiano de esta filosofía, con su famoso Cogito, ergo sum, centra definitivamente el pensamiento moderno en torno al sujeto humano. 

-       En el pensamiento moderno la cuestión del ser se plantea como cuestión del conocer.
-       La filosofía clásica habría sido una filosofía de las cosas, de la res, la moderna, en cambio, sería una filosofía de nuestros pensamientos, de la idea

[…] Habíamos entrado en el campo de la filosofía por la senda de la metafísica. Nos habíamos hecho la pregunta fundamental de la metafísica, que es la pregunta: ¿Qué existe? Y habíamos tropezado con inmediatamente con la respuesta que el espíritu humano da espontánea, naturalmente, a esta pregunta. Esta respuesta está ya contenida en la metafísica realista. Existen las cosas y yo en ellas…Pero llega un momento en la historia del pensamiento humano en que la creencia en el realismo empieza a sufrir menoscabo…Comienza en este momento la segunda navegación de la filosofía. La primera inició con Parménides; esta segunda inicia con Descartes. Pero aquellos navegantes – Parménides, Platón, Aristóteles – eran navegantes inocentes. No había sufrido la filosofía desengaño alguno todavía. En cambio, el navegante nuevo, el navegante Descartes, ha perdido la virginidad, ha perdido la inocencia. Tiene detrás de sí un pasado filosófico aleccionador, una experiencia previa, que ha fracasado. ¡Cuidado!, piensa Descartes, ¡No vayáis a equivocaros!.. Y así la filosofía moderna por completo su centro de gravedad y da al problema de la metafísica una respuesta inesperada. ¿Quién existe? Yo y mis pensamientos. Entonces ¿es que el mundo no existe? Es dudoso. Espontánea y naturalmente todos creemos que las cosas existen. Creemos todos que el mundo existe, aun cuando yo no exista. Pero ahora se nos propone una actitud vertiginosa; se nos propone algo extraordinario, como una especie de ejercicio de circo. Se propone nada menos que esto: que lo único de que estamos seguros que existe soy yo y mis pensamientos. De manera que el problema de la filosofía es tremebundo, porque ahora la filosofía no tiene más remedio que sacar del “yo” las cosas…He aquí a lo que llegamos con la nueva tesis del idealismo. […][1]


[1] M. Garcia Morente-J. Zaragüeta Bengoechea, Fundamentos de filosofía, Madrid, 1947, p. 134-144.

I.              Descartes: idealismo problemático.

La filosofía del sujeto arranca del cogito, ergo sum de Descartes. Hegel, un filósofo que sentía una cierta debilidad por las frases grandilocuentes, describe al pensador francés como una “héroe” esforzado, una especie de Colón de la filosofía que “descubrió y conquistó” una tierra virgen: el continente del sujeto.[1]

En sus Meditaciones Metafísicas Descartes intenta construir desde cero una nueva filosofía que tenga “fundamentos indudables y certeros” y para ello debe poner en duda todas sus creencias anteriores y aquello que había dado por cierto, a esto se le conoce comúnmente como la “duda metódica”. Con este procedimiento Descartes quiere encontrar algo, un punto de apoyo que resista todos los ataques escépticos y pueda ser tenido como algo evidente, certero, e indudable. Lo único que resiste la duda es el Yo, es decir, que Descartes va a concebir como una sustancia. El siguiente diagrama muestra la contraposición que surge de Descartes:

                     Res                                   ¿?                                   Res
                  cogitans                                                                    extensa
                  (Sujeto)                                                                      (Objeto)
La distinción sujeto-objeto, como dos entidades de naturalezas distintas y características desemejantes es fundamental para comprender la epistemología moderna. Puede entenderse también que el sujeto es la “interioridad”, es decir, como la “mente” en la cual están las “ideas” de los objetos externos (res extensa). El cogito, ergo sum (Pienso, luego soy) no hace más que afirmar la “evidencia” del sujeto como “sustancia pensante”, como algo que posee “conciencia” de sus propios procesos “mentales”. Pero, ¿Qué es lo que pertenece a nosotros mismos? A nuestro pensamiento. En palabras de Descartes: […] ¿Qué es una cosa que piensa? […] Es una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere y también imagina y siente. […] [Descartes, MM II] La naturaleza de ambas sustancias puede plantearse de la siguiente forma:
    RES COGITANS                                          RES EXTENSA
    SUSTANCIA                                                SUSTANCIA
    INMATERIAL                                    MATERIAL (CORPORAL)
    CAPACIDAD REPRESENTATIVA                 X
    CONCIENCIA                                               X
    SUJETO                                                      OBJETO

El problema de la interacción de las dos sustancias se puede plantear en términos como: ¿Qué certeza tengo de que las “ideas” que me represento de algo externo a mí  (el objeto) son certeras? ¿Cómo puedo tener certeza de las cosas que pienso? De aquí que la filosofía moderna comienza por las “ideas” en mi pensamiento y no por las cosas que se representan en esas ideas. El problema de la “re-presentación” recorre toda la filosofía moderna.
                  CAUSA                                             EFECTO
              (COSAS EXTERNAS)                         (IDEA, REPRESENTACIÓN)

¿Qué seguridad tengo de que mi representación se adecúa a los objetos externos? De acuerdo con Descartes, aquello que podemos conocer más “inmediatamente” es nuestro propio pensar, porque es algo que pertenece a nosotros, no está “fuera”. Y en él están las ideas o representaciones. El problema de Descartes, con el cual inaugura la Epistemología Moderna, y con él, una nueva manera de comenzar a filosofar, es el asentamiento de la conciencia, de la puesta en duda (para encontrar el origen de la certeza de nuestros conocimientos sobre las cosas), y con él un nuevo grupo de conceptos y problemas que ocuparán las cabezas de filósofos como Locke, Berkeley, Leibniz, Hume y Kant.
   


[1] G.W.F. Hegel, Lecciones sobre la historia de la filosofía, Vol. III, FCE, 2000, p. 150.

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