domingo, 3 de julio de 2011

La (no) espacialidad de las cosas en sí

La (no) espacialidad de las cosas en sí.

1. No está en duda que el idealismo trascendental es, en una muy buena medida, consecuencia de la reflexión kantiana sobre la naturaleza del espacio y del tiempo. Eso es, justamente, lo que se propone enfatizar la segunda edición de la Crítica con la descripción de su programa filosófico como una revolución en la manera de entender el conocimiento humano y sus objetos. Una cuestión dudosa, sin embargo, es si su autor ofreció buenos argumentos para sustentar esa consecuencia. Por razones que tienen que ver con el deslinde kantiano del cargo de reduccionismo a la Berkeley, aquí examinaré sólo aquellos argumentos que Kant esgrime respecto de la naturaleza ontológica y epistemológica del espacio. Aunque análogos, los argumentos respecto de la naturaleza del tiempo revisten sus propias complicaciones, y no los voy a considerar aquí. Por ello, lo dicho a continuación tendrá a lo más una validez parcial como interpretación de la Estética trascendental de Kant y del idealismo ahí expuesto.

2. En las Conclusiones de su argumento sobre la naturaleza del espacio en la Estética trascendental, Kant nos da este bien conocido pasaje:

“a) El espacio no representa para nada una propiedad de ninguna cosa en sí misma, ni una relación entre cosas en sí mismas, i.e., ninguna determinación de ellas que se anexe (pertenezca) a los objetos mismos y que permanezca incluso si uno fuera a abstraer de todas las condiciones subjetivas de la intuición.”

Este pasaje ha sido invocado como una expresión clara, quizás la única clara en la Crítica, de la llamada tesis de la no espacialidad de las cosas en sí mismas. Esta tesis, que en  su versión más fuerte afirma que las cosas en sí mismas  son no-espaciales, ha suscitado de larga data importantes reparos y especulaciones. El principal reparo es relativamente obvio, y fue expresado ya por los primeros lectores de la Crítica: esta conclusión del argumento que comienza con la Exposición metafísica del espacio contradice una de las tesis centrales del idealismo trascendental, a saber, que no conocemos ni podemos conocer las cosas en sí mismas. En efecto, afirmar de las cosas en sí mismas que no son espaciales es ya saber (o incluso descubrir) algo sobre su naturaleza; pero para el idealismo trascendental eso es imposible.[1] La amenaza de incoherencia aquí es patente.
Por otro lado, las especulaciones sobre la tesis de la no espacialidad se han centrado en las relaciones justificatorias que guarda con otra conspicua idea de la Estética trascendental, expresada, entre otros lugares, en la secuela del pasaje citado:

“b) El espacio no es sino sólo la forma de todos los fenómenos del sentido externo, esto es, la condición subjetiva de la sensibilidad, únicamente bajo la cual es posible para nosotros la intuición externa.”

Se trata aquí de la llamada tesis de la subjetividad del espacio, según la cual el espacio es considerado como condición subjetiva de la experiencia de objetos externos. La aparición de esta tesis puede quizás salvar al idealismo trascendental de la incoherencia producida por la tesis de la no espacialidad. Una propuesta de reconstrucción, no exenta por cierto de especulación, parte de la idea de que, para Kant, el espacio no es atribuible a las cosas en sí mismas porque es una forma subjetiva de representación.[2]  De modo que la tesis de la subjetividad del espacio no se comprometería con ningún aserto que suponga un conocimiento de las cosas en sí. No obstante, esta propuesta de reconstrucción paga un alto precio por salvar al idealismo kantiano, puesto que equivale a la tesis escéptica de que no conocemos los objetos como ellos son realmente, donde 'realmente' quiere decir 'independientemente de nuestro modo de tener experiencia de ellos'.
Paul Guyer ha especulado ejemplarmente en contra de esta interpretación. En su propuesta reconstructiva, es un error atribuirle a Kant la idea de que el espacio no es una propiedad de las cosas en sí mismas porque es una forma subjetiva de representación, cuando el vínculo justificatorio es según él el inverso: el espacio sólo puede ser una forma subjetiva  porque no puede ser propiedad de las cosas en sí.[3] Nótese que, independientemente de las motivaciones de Guyer para su propuesta, esta reconstrucción es potencialmente dañina para el idealismo trascendental, pues nos regresa al problema de su incoherencia. En efecto, al colocar la tesis de la no espacialidad como premisa de la tesis de la subjetividad, se está suponiendo que tenemos un conocimiento de cómo son realmente las cosas, i.e., que son no espaciales, con lo que abiertamente se viola la tesis idealista trascendental de que no podemos conocer las cosas consideradas en sí mismas.
Es patente que nos encontramos ante una especie de revolvedora intelectual que parece girar inútilmente entre dos polos, ambos claramente problemáticos. Pero esta revolvedora puede desactivarse. Lo que haré a continuación es regresar al argumento kantiano de la Estética, para mostrar lo que parece obvio si uno mira bien el texto, a saber,  que entre ambas tesis, la de la no espacialidad y la de la subjetividad, no hay una relación de fundamento a consecuencia, sino que son, conjuntamente, conclusiones que se derivan de una misma premisa. En este caso, con sus riesgos, me gustaría afirmar que se trata no sólo de lo que Kant debería decir, sino también de lo que en efecto dice. Centraré aquí mi discusión en el argumento que abre con la primera sección de lo que en la segunda edición Kant denomina #2, Exposición metafísica del concepto de espacio, A22/ B38, y que culmina en el apartado bajo el título Conclusiones  de los conceptos anteriores, A26/ B42ss. Primero, me dedico a reconstruir el argumento y a comentar sus premisas; después, discutiré las consecuencias de esta reconstrucción para entender el idealismo kantiano, en particular para entender las tesis de la no espacialidad de las cosas en sí, y de la subjetividad del espacio, así como la llamada alternativa no contemplada, i.e., que las cosas en sí puedan acaso ser espaciales.
           
3. El argumento clave de Kant en la Estética, por lo que concierne a la naturaleza del espacio, tiene la forma de una reductio o un dilema destructivo que puede presentarse con las siguientes premisas:

E1 El espacio es, o bien (a) una sustancia, una cosa autosubsistente, o bien (b) una relación entre sustancias, entre cosas autosubsistentes, o bien (c) una forma subjetiva de representación de los objetos (de experiencia).
E2 Si el espacio fuera una sustancia (a), o una relación entre sustancias (b), entonces obtendríamos la representación de espacio a través de la experiencia. Pero,
E3 El espacio es apriori y no -discursivo; por lo que,
E4 No podemos obtener la representación de espacio a través de la experiencia.
Por lo tanto,
EC1: E1a y E1b son falsas, el espacio no es una sustancia ni una relación entre sustancias, y
EC2: E1c es verdadera, el espacio es una forma subjetiva de representación.


[1]Ver. Reseña de Gotinga, Jacobi...
[2]Horstmann 1997, p. 39.
[3]Ver: Guyer 1987, p. 355 ss; 1989, pp. 140-167.

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