jueves, 7 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
La (no) espacialidad de las cosas en sí
La (no) espacialidad de las cosas en sí.
1. No está en duda que el idealismo trascendental es, en una muy buena medida, consecuencia de la reflexión kantiana sobre la naturaleza del espacio y del tiempo. Eso es, justamente, lo que se propone enfatizar la segunda edición de la Crítica con la descripción de su programa filosófico como una revolución en la manera de entender el conocimiento humano y sus objetos. Una cuestión dudosa, sin embargo, es si su autor ofreció buenos argumentos para sustentar esa consecuencia. Por razones que tienen que ver con el deslinde kantiano del cargo de reduccionismo a la Berkeley, aquí examinaré sólo aquellos argumentos que Kant esgrime respecto de la naturaleza ontológica y epistemológica del espacio. Aunque análogos, los argumentos respecto de la naturaleza del tiempo revisten sus propias complicaciones, y no los voy a considerar aquí. Por ello, lo dicho a continuación tendrá a lo más una validez parcial como interpretación de la Estética trascendental de Kant y del idealismo ahí expuesto.
2. En las Conclusiones de su argumento sobre la naturaleza del espacio en la Estética trascendental, Kant nos da este bien conocido pasaje:
“a) El espacio no representa para nada una propiedad de ninguna cosa en sí misma, ni una relación entre cosas en sí mismas, i.e., ninguna determinación de ellas que se anexe (pertenezca) a los objetos mismos y que permanezca incluso si uno fuera a abstraer de todas las condiciones subjetivas de la intuición.”
Este pasaje ha sido invocado como una expresión clara, quizás la única clara en la Crítica, de la llamada tesis de la no espacialidad de las cosas en sí mismas. Esta tesis, que en su versión más fuerte afirma que las cosas en sí mismas son no-espaciales, ha suscitado de larga data importantes reparos y especulaciones. El principal reparo es relativamente obvio, y fue expresado ya por los primeros lectores de la Crítica: esta conclusión del argumento que comienza con la Exposición metafísica del espacio contradice una de las tesis centrales del idealismo trascendental, a saber, que no conocemos ni podemos conocer las cosas en sí mismas. En efecto, afirmar de las cosas en sí mismas que no son espaciales es ya saber (o incluso descubrir) algo sobre su naturaleza; pero para el idealismo trascendental eso es imposible.[1] La amenaza de incoherencia aquí es patente.
Por otro lado, las especulaciones sobre la tesis de la no espacialidad se han centrado en las relaciones justificatorias que guarda con otra conspicua idea de la Estética trascendental, expresada, entre otros lugares, en la secuela del pasaje citado:
“b) El espacio no es sino sólo la forma de todos los fenómenos del sentido externo, esto es, la condición subjetiva de la sensibilidad, únicamente bajo la cual es posible para nosotros la intuición externa.”
Se trata aquí de la llamada tesis de la subjetividad del espacio, según la cual el espacio es considerado como condición subjetiva de la experiencia de objetos externos. La aparición de esta tesis puede quizás salvar al idealismo trascendental de la incoherencia producida por la tesis de la no espacialidad. Una propuesta de reconstrucción, no exenta por cierto de especulación, parte de la idea de que, para Kant, el espacio no es atribuible a las cosas en sí mismas porque es una forma subjetiva de representación.[2] De modo que la tesis de la subjetividad del espacio no se comprometería con ningún aserto que suponga un conocimiento de las cosas en sí. No obstante, esta propuesta de reconstrucción paga un alto precio por salvar al idealismo kantiano, puesto que equivale a la tesis escéptica de que no conocemos los objetos como ellos son realmente, donde 'realmente' quiere decir 'independientemente de nuestro modo de tener experiencia de ellos'.
Paul Guyer ha especulado ejemplarmente en contra de esta interpretación. En su propuesta reconstructiva, es un error atribuirle a Kant la idea de que el espacio no es una propiedad de las cosas en sí mismas porque es una forma subjetiva de representación, cuando el vínculo justificatorio es según él el inverso: el espacio sólo puede ser una forma subjetiva porque no puede ser propiedad de las cosas en sí.[3] Nótese que, independientemente de las motivaciones de Guyer para su propuesta, esta reconstrucción es potencialmente dañina para el idealismo trascendental, pues nos regresa al problema de su incoherencia. En efecto, al colocar la tesis de la no espacialidad como premisa de la tesis de la subjetividad, se está suponiendo que tenemos un conocimiento de cómo son realmente las cosas, i.e., que son no espaciales, con lo que abiertamente se viola la tesis idealista trascendental de que no podemos conocer las cosas consideradas en sí mismas.
Es patente que nos encontramos ante una especie de revolvedora intelectual que parece girar inútilmente entre dos polos, ambos claramente problemáticos. Pero esta revolvedora puede desactivarse. Lo que haré a continuación es regresar al argumento kantiano de la Estética, para mostrar lo que parece obvio si uno mira bien el texto, a saber, que entre ambas tesis, la de la no espacialidad y la de la subjetividad, no hay una relación de fundamento a consecuencia, sino que son, conjuntamente, conclusiones que se derivan de una misma premisa. En este caso, con sus riesgos, me gustaría afirmar que se trata no sólo de lo que Kant debería decir, sino también de lo que en efecto dice. Centraré aquí mi discusión en el argumento que abre con la primera sección de lo que en la segunda edición Kant denomina #2, Exposición metafísica del concepto de espacio, A22/ B38, y que culmina en el apartado bajo el título Conclusiones de los conceptos anteriores, A26/ B42ss. Primero, me dedico a reconstruir el argumento y a comentar sus premisas; después, discutiré las consecuencias de esta reconstrucción para entender el idealismo kantiano, en particular para entender las tesis de la no espacialidad de las cosas en sí, y de la subjetividad del espacio, así como la llamada alternativa no contemplada, i.e., que las cosas en sí puedan acaso ser espaciales.
3. El argumento clave de Kant en la Estética, por lo que concierne a la naturaleza del espacio, tiene la forma de una reductio o un dilema destructivo que puede presentarse con las siguientes premisas:
E1 El espacio es, o bien (a) una sustancia, una cosa autosubsistente, o bien (b) una relación entre sustancias, entre cosas autosubsistentes, o bien (c) una forma subjetiva de representación de los objetos (de experiencia).
E2 Si el espacio fuera una sustancia (a), o una relación entre sustancias (b), entonces obtendríamos la representación de espacio a través de la experiencia. Pero,
E3 El espacio es apriori y no -discursivo; por lo que,
E4 No podemos obtener la representación de espacio a través de la experiencia.
Por lo tanto,
EC1: E1a y E1b son falsas, el espacio no es una sustancia ni una relación entre sustancias, y
EC2: E1c es verdadera, el espacio es una forma subjetiva de representación.
Seminario Kant: la filosofía crítica (Hand-out 6)
Seminario Kant: la filosofía crítica
UAEM
Sesión 6 /Jueves 16 de Junio
Deducción trascendental de los conceptos puros del entendimiento
Introducción
El capítulo II de la “Analítica de los conceptos” se titula una Deducción trascendental de los conceptos puros, es decir, de las categorías. El hecho de que los conceptos puros requieran, es más, necesiten una deducción, se puede basar en la siguiente nota de Kant:
[…] el que los objetos de la intuición sensible hayan de conformarse a las condiciones formales a priori de la sensibilidad – que residen en el psiquismo – se desprende con claridad del hecho de que, en caso contrario, no constituirían para nosotros objeto ninguno. En cambio, el que los objetos de la intuición sensible hayan de conformarse, además, a las condiciones que el entendimiento exige para la unidad sintética del pensar es una conclusión no tan fácil de ver […] [A90/B122-3]
De acuerdo con esto, parece “evidente” que los objetos han de ser dados en la intuición, pero esto no aclara el que podamos pensarlos a través de las categorías, de hecho no específica en ningún sentido que deba de ser así. Parece como si Kant estuviera pensando que es posible una intuición sin concepto, aunque es claro que eso no contaría como conocimiento. Pero “necesitamos” las categorías, porque sin ellas, siguiendo a Kant, la experiencia no sería posible, y además de eso, no nos basta con enumerarlas sino que debemos justificar o legitimar su uso necesario en la experiencia.
[…] Al hablar de derechos y pretensiones, los juristas distinguen en un asunto legal la cuestión de derecho (quid iuris) de la cuestión de hecho (quid facti). De ambas se exige una demostración y llaman a la primera – la que expone el derecho o la pretensión legal – deducción. Nosotros nos servimos de multitud de conceptos empíricos sin oposición a nadie y nos sentimos, incluso prescindiendo de toda deducción, autorizados a asignarles un sentido y significación imaginaria por el hecho de disponer siempre de la experiencia para demostrar su realidad objetiva. Pero hay también conceptos usurpados, como, por ejemplo, felicidad, destino, que, a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo, a veces caen bajo las exigencias de la cuestión quid iuris. […] ya que no se puede introducir ninguna justificación clara, ni desde la experiencia ni desde la razón, para poner de manifiesto la legitimidad de su empleo. […] [A 84-5/B116-7]
Si Kant ha demostrado que las categorías son conceptos puros que se producen a priori en el entendimiento, tiene también que demostrar no sólo que así es, sino que es necesario que así sea, de lo contrario la experiencia sería imposible. Dice que hay que demostrar su “realidad objetiva”, esto puede significar, en interpretación de Henry Allison, que nuestros conceptos se dirijan a objetos de la experiencia, tales como esta silla o esta mesa que están frente a mí. Tampoco podemos recurrir a la experiencia pues los “conceptos puros” no tienen contenido, es decir, no se refieren a algún objeto particular, sino que son “condiciones de posibilidad del pensar los objetos” o “de la experiencia”; que Kant reduce en ocasiones a una experiencia de objetos. Es imposible deducirlos empíricamente:
[…] ya que el rasgo distintivo de su naturaleza consiste precisamente en que se refieran a sus objetos sin haber tomado nada de la experiencia para representarlos. Si hace falta deducirlos, su deducción tendrá, pues, que ser trascendental. […]
[A85-6/B118]
Las categorías no se basan en la experiencia y tampoco pueden aducir objeto alguno sobre el que fundamentar su síntesis previa a toda experiencia. Se ha demostrado en la Estética Trascendental que las intuiciones puras contienen a priori las condiciones de posibilidad de los objetos en cuanto fenómenos, y la síntesis que en dichas intuiciones se verifica posee validez objetiva. [Ver. B121-2] Lo cual no sucede con las categorías:
[…] no nos representan, en cambio, las condiciones bajo las cuales se nos dan objetos en la intuición. Por consiguiente, se nos pueden manifestar objetos sin que tengan que referirse forzosamente a funciones del entendimiento y sin que, por tanto, el entendimiento contenga a priori las condiciones de los mismos. […] [A89/B 122]
El trabajo de la Deducción Trascendental lo define Kant así (no es la única definición) :
[…] a saber, cómo pueden tener validez objetiva las condiciones subjetivas del pensar, es decir, cómo pueden éstas proporcionar las condiciones de posibilidad de todo conocimiento de los objetos, ya que, desde luego, pueden darse fenómenos en la intuición con independencia de las funciones del entendimiento. […] [A89-90/B122]
Lo que de hecho ha expresado Kant es que las categorías deben ser aplicadas de manera necesaria a los objetos de la intuición, pero que esa “necesidad” no puede asegurarse sin una deducción. La cuestión muy se puede plantear así: ¿Cómo es que ciertos elementos “subjetivos” que se encuentran en mí puede proporcionar conocimiento de un mundo “objetivo”? Esto tiene que explicarse.
[…] La validez objetiva de las categorías como conceptos a priori residirá, pues, en el hecho de que sólo gracias a ellas sea posible la experiencia (por lo que hace a la forma del pensar). En efecto, en tal caso se refieren de modo necesario y a priori a objetos de la experiencia porque sólo a través de ellas es posible pensar algún objeto de la experiencia. […]Los conceptos que suministran el fundamento objetivo de la posibilidad de la experiencia son, por ello mismos, necesarios. […] [A94/B126]
De la “Deducción trascendental” se ha escrito mucho, y es que además de todo, contamos dos deducciones que sin bien coinciden en algunos aspectos, también añaden cada una cosas distintas. Aunque Kant también habla de una “deducción subjetiva” y otra “deducción subjetiva”, parece que ambas forman parte del mismo proyecto, sólo considera la segunda esencial para el propósito, y la segunda complementaria.
[…] Para examinar a fondo la facultad que llamamos entendimiento y para determinar, a la vez, las reglas y límites de su uso, no conozco investigaciones más importantes que las presentadas por mí en el segundo capítulo de la analítica trascendental bajo el título de Deducción trascendental de los conceptos puros del entendimiento. Esas investigaciones son las que más trabajo me han costado, aunque, según espero, no han sido en vano. Esta indagación, que está planteada con alguna profundidad, posee dos vertientes distintas. La primera se refiere a los objetos del entendimiento puro y debe exponer y hacer inteligible la validez objetiva de sus conceptos a priori. Precisamente por ello es esencial para lo que me propongo. La segunda trata de considerar el entendimiento puro mismo, según sus posibilidades y según las facultades cognoscitivas sobre las que descansa, y, por consiguiente, de estudiar su aspecto subjetivo. Esta discusión, a pesar de su gran importancia en relación con mi objetivo principal, no forma parte esencial del mismo, ya que la pregunta fundamental continúa siendo ésta: ¿qué y cuánto pueden conocer el entendimiento y la razón con independencia de toda experiencia? […] [AXVI-XVII]
Seminario Kant: la filosofía crítica (hand-out)
Seminario Kant: la filosofía crítica
UAEM
Sesión 5 /Jueves 9 de Junio
Lógica Trascendental: Analítica de los conceptos
Introducción
En la KrV la “Estética Trascendental” es el primer pilar de lo que puede llamarse, de acuerdo con Herbert Paton, una metafísica de la experiencia. La Estética es considerada la “ciencia de todos los principios de la sensibilidad a priori” (KrV, A21/B35) y éstos se reducen básicamente a dos: espacio y tiempo. Entre las tesis más importantes de la Estética, de acuerdo con Arthur Schopenhauer está la controvertida distinción entre fenómeno-cosa en sí que aparece y en la cual Kant hace un énfasis mayor en un añadido de la segunda edición (1787) de la KrV. Según esto:
i. Espacio y tiempo son intuiciones puras que nos permiten “intuir objetos”.
ii. Espacio y tiempo no son propiedades inherentes a los objetos, sino simplemente “principios” de la sensibilidad.
iii. Todas nuestras intuiciones no son más que una representación fenoménica; que las cosas que intuimos no son en sí mismas tal como las intuimos. (KrV, A 42/B 59)
iv. Si suprimiéramos al sujeto o simplemente el carácter subjetivo de los sentidos en general, todo el carácter de los objetos, todas sus relaciones espacio-temporales, incluso el espacio y el tiempo mismos, desaparecerían. (ídem)
v. Permanece absolutamente desconocido qué sean los objetos en sí, independientemente de toda esa receptividad de nuestra sensibilidad. Sólo conocemos nuestro modo peculiar de percibirlos.
Sin embargo, para Kant, el conocimiento no surge simplemente de la “sensibilidad” pues ésta sólo tiene un carácter pasivo, de “receptividad” en el cual los objetos nos son “dados” (premisa problemática de Kant). De acuerdo con Kant,
“[…] Nuestro conocimiento surge básicamente de dos fuentes del psiquismo: la primera es la facultad de recibir representaciones (receptividad de las impresiones): la segunda es la facultad de conocer un objeto a través de tales representaciones (espontaneidad de los conceptos). A través de la primera se nos da un objeto; a través de la segunda, lo pensamos en relación con la representación (como simple determinación del psiquismo). La intuición y los conceptos constituyen, pues, los elementos de todo nuestro conocimiento, de modo que ni los conceptos puede suministrar conocimiento prescindiendo de una intuición que les corresponda de alguna forma, ni tampoco puede hacerlo la intuición sin conceptos. Ambos elementos son, o bien puros, o bien empíricos. Son empíricos si contienen una sensación (la cual presupone la presencia efectiva del objeto). Son puros si no hay en la representación mezcla alguna de sensación. […] [A 50 / B 74]
El “conocimiento” (en sentido kantiano, como algo que presupone concepto-intuición) requiere, es más, necesita del elemento inteligible del pensamiento, es decir, del concepto. Sin embargo, esto yace fuera del análisis de la Estética Trascendental y es entonces cuando se abre el archivo de la “Lógica Trascendental”.
Lógica Trascendental
Es la parte más voluminosa de la KrV y se encarga de aislar los elementos puros del Entendimiento (“Analítica Trascendental”) y de la Razón (“Dialéctica Trascendental”), que son las dos facultades humanas (además de la sensibilidad) que completan el análisis trascendental que realiza Kant del sujeto que conoce.
Sensibilidad –Estética Trascendental (Espacio y tiempo)
Entendimiento- Analítica Trascendental (Conceptos y principios puros)
Razón – Dialéctica Trascendental (Ideas de la razón)
El “psiquismo” (Gemüt) parece ser la palabra que Kant utiliza para especificar lo que hoy podríamos llamar “mente”, pues concierne que “llamamos sensibilidad a la receptividad que nuestro psiquismo posee, siempre que sea afectado de alguna manera, en orden a recibir representaciones, llamamos entendimiento a la capacidad de producirlas por sí mismo, es decir, a la espontaneidad del conocimiento” [A51/B 75]
En primera instancia, al definir al Entendimiento como “la capacidad de pensar el objeto de la intuición” [A51 / B 75], Kant está marcando una distinción entre sensibilidad-entendimiento, pero no se contenta con eso, sino que quiere además enfatizar su necesaria relación:
[…] Ninguna de estas propiedades es preferible a la otra: sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado y, sin entendimiento, ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas. Por ello es necesario hacer sensibles los conceptos (es decir, añadirles el objeto en la intuición) como hacer inteligibles las intuiciones (es decir, someterlas a conceptos) […] Ni el entendimiento puede intuir nada, ni los sentidos pueden pensar nada. El conocimiento únicamente puede surgir de la unión de ambos. […] [A51-B 75, las cursivas son mías]
Hay que distinguir la “ciencia de las reglas de la sensibilidad” de la “ciencia de las reglas del entendimiento en general”, es decir, de la lógica.
Lógica aquellas sin las cuales no es posible uso alguno
a los que pueda dirigirse. (podemos llamarla: “
lógica de los elementos)
Lógica del uso peculiar del entendimiento: contiene reglas para pensar correctamente sobre
cierta clase de objetos. (Organon de tal o cual ciencia)
A su vez, la Lógica general puede ser o bien lógica pura o bien lógica aplicada. La lógica aplicada haría abstracción de todas las condiciones empíricas bajo las cuales actúa nuestro entendimiento, por ejemplo, del influjo de los sentidos, del juego de la imaginación, de las leyes de la memoria, de la fuerza de la costumbre, de la inclinación, etc., y, consiguientemente, también de las “fuentes de prejuicios”; más todavía, incluso de todas las causas de que podamos derivar o parezcan surgir ciertos conocimientos.[ A52/ B 77] A continuación se esboza el sentido de la “Lógica trascendental”:
[…] Por tanto, una lógica general pura sólo tiene que ver con principios a priori y es un canon del entendimiento y de la razón, aunque sólo en relación con el aspecto formal de su uso, sea cual sea el contenido (empírico o trascendental). […] [KrV, A 53/ B 78]
Como lógica general, debe hacer abstracción de todo “contenido” del conocimiento del entendimiento, así como la diversidad de sus objetos, y no tiene que ver sino con la simple forma del pensar. Como lógica pura, no debe poseer principios empíricos y debe distinguirse de la psicología. Así como se estableció en la Estética que existen: intuiciones empíricas e intuiciones puras, del lado del entendimiento igualmente podemos encontrar una distinción entre “el pensamiento puro de los objetos y el pensamiento empírico de los mismos” [A55/ B80].
“Lógica que no se abstraería de todo contenido de conocimiento” (sólo del empírico). Además de tratar esto, aquí aparece el verdadero sentido de la lógica trascendental sería:
[…] Semejante lógica se ocuparía también del origen de nuestro conocimiento de los objetos, en cuanto que no se puede atribuir al tal origen a esos objetos. [….] [Ídem.]
Primordial es para Lógica Trascendental mostrar el origen a priori de ciertas representaciones (conceptos), es decir, que no provienen de la experiencia. Aquí es donde surge la “esperanza” de que haya tal vez conceptos que se refieran a priori a objetos, no en cuanto intuiciones puras o sensibles, sino simplemente en cuanto “actos del entendimiento puro” [B87]- actos que son, por tanto, conceptos, pero no de origen no empírico ni estético – “nos hacemos la idea de una ciencia del conocimiento puro intelectual y racional, un conocimiento a través del cual pensamos objetos plenamente a priori”.
[…] Semejante ciencia, que determinaría el origen, amplitud y la validez objetiva de esos conocimientos, tendría que llamarse lógica trascendental, ya que sólo se ocupa de las leyes del entendimiento y de la razón, si bien únicamente en la medida en que tales leyes se refieren a objetos a priori […] [A 57/ B81]
Analítica
La analítica abre con una breve consideración sobre una antigua y conocida pregunta: ¿Qué es la verdad? [A75/B82]. Pareciera como si Kant estuviera diciendo que se nos otorgará un “criterio general y seguro de verdad de todo conocimiento”, y es que supone su división entre “forma” y “materia” del fenómeno, junto con el antiguo criterio de verdad: “la conformidad del conocimiento con su objeto”.
[…] Un criterio universal de verdad sería aquel que tuviera validez para todos los conocimientos, independientemente de la diversidad de sus objetos. Ahora bien, dado que este criterio hace abstracción de todo contenido de conocimiento (de la relación con su objeto) y dado que la verdad se refiere precisamente a tal contenido, es evidente lo absolutamente imposible y lo absurdo de preguntar por un distintivo de la verdad de ese contenido cognoscitivo. […] Por lo que a la materia [del fenómeno] concierne, no puede exigirse un criterio general sobre la verdad de un conocimiento, puesto que tal criterio es en sí mismo contradictorio […] [A59/B83]
La Analítica Trascendental consiste pues, una “lógica de la verdad” [A62/B 87]. Pues ningún conocimiento puede estar en contradicción con ella sin perder, al mismo tiempo, todo contenido, esto es, toda relación con algún objeto y, consiguientemente, toda la verdad.
Tabla de las funciones lógicas (A70/B95)
1 (De la Cantidad)
Universal
Particular
Singular
1 (De la Cantidad)
Universal
Particular
Singular
2(De la cualidad) 3 (De la relación)
Afirmativo Categórico
Negativo Hipotético
Infinito Disyuntivo
4 ( De la modalidad)
Problemático
Asertórico
Necesario
1. Universal (Todas las puertas están abiertas)
Particular (Algunas puertas están abiertas)
Singular (La (ésta) puerta está abierta).
2. Afirmativo ( La puerta es algo)
Negativo (La puerta no está abierta)
Infinito (La puerta está o es no-abierta)
3. Categórico ( “La puerta está abierta”, es categórico porque estoy diciendo que esto es verdad acerca de la puerta)
Hipotético (“Si no hay clase, la puerta está abierta)
Disyuntivo (“La puerta o está abierta o cerrada”)
4. Problemático (“La puerta podría estar abierta”, algo podría ser el caso)
Asertórico (“La puerta de hecho está abierta”, digo que algo es verdad, aún cuando es posible que pudiera haber sido falso)
Necesario (“La puerta está necesariamente abierta”) Sólo los juicios a priori
Necesarios.
Tabla de las categorías del Entendimiento (A80/B106)
1 (De la cantidad)
Unidad
Pluralidad
Totalidad
2(De la cualidad) 3 (De la relación)
Realidad Inherencia y Sustancia (substantia et accidens)
Negación Causalidad y dependencia (Causa y efecto)
Limitación Comunidad (interacción entre agente- paciente)
4 (De la modalidad)
Posibilidad- imposibilidad
4 (De la modalidad)
Posibilidad- imposibilidad
Existencia- no existencia
Necesidad- contingencia
Seminario Kant: la filosofía crítica
Sesión 4
Seminario Kant: la filosofía crítica /Jueves 2 de Junio
Epistemología
· Estructura de la Crítica de la razón pura
Doctrina Trascendental de los Elementos Doctrina Trascendental del Método
Intuiciones
(Espacio y Tiempo) Metafísica Trascendente
Conceptos y principios Ideas
(Sustancia, Causalidad, etc) (Alma, libertad, Dios)
Metafísica de la Experiencia
Conocimiento Posible
Introducción […] Antes de Kant nosotros estábamos en el tiempo; ahora el tiempo está en nosotros, [….] Schopenhauer, Arthur, “Crítica de la filosofía kantiana”
De acuerdo con Arthur Schopenhauer (DWWV I, §2) el hecho de descubrir que el tiempo y el espacio son formas a priori que se hallan en nuestra consciencia es un mérito capital y enorme de Kant que ya le hubiese asegurado una fama infinita. Siendo la parte más breve de toda la KrV (apenas 20 págs.) se coloca como uno de los pilares que sostienen todo el edificio filosófico de Kant.
El hecho es que a la vez plantea ya ciertos enigmas y problemáticas desde su comienzo al afirmar que […] el objeto no es dado […] (A19/B33) para que podamos percibirlo. Debemos, para poder comprender la importancia del término trascendental, capital en la filosofía kantiana, tratar de esbozar la definición que Kant dio en la introducción:
[…] Llamo trascendental a todo conocimiento que se ocupa, no tanto de los objetos, cuanto de nuestro modo de conocerlos, en cuanto que tal modo ha de ser posible a priori. Un sistema de semejantes conceptos se llamaría filosofía trascendental […] [A11-12- B 25]
La reflexión que Kant realiza a lo largo de la KrV se trata de una reflexión trascendental, es decir, no investigará los “objetos” sino las condiciones bajo las que es posible el conocimiento de aquellos. Como Descartes, en un sentido, la búsqueda será interior, es decir, tratar de ahondar en el sujeto para ver si hay algo en él que haga posible éste. Se ha definido este proyecto filosófico de Kant de distintas formas:
· Trata de ver ¿Qué y cuánto pueden conocer el entendimiento y la razón humana con independencia de toda experiencia? [AXVII]
· Ver si podemos poner a la metafísica por el “camino seguro de la ciencia” [ BX-BXVII]
· Tratar de demostrar “¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?” [ B19-24]
La primera trata de cuestionar si un conocimiento metafísico es posible, no tanto como simple inclinación natural de la razón humana, lo que nos lleva a la segunda cuestión, que es la de tratar de implementar el método de las ciencias naturales a la metafísica y ver cuál es el resultado. Y la tercera, que aparece en la “Introducción” que puede interpretarse así; ¿cómo son posibles las ciencias? De esta puede darse otra que es la de una “fundamentación de la ciencia”. A estas tres interpretaciones podemos agregar que hay un “proyecto ontológico” en Kant, y claro no en el sentido clásico de Aristóteles de una Ontología.
La Estética Trascendental
Kant no toma Estética (al menos en la KrV) en un sentido artístico. Para él, proviene del griego aisthesis que significa “sensibilidad”, o “percepción” (sensitiva). Es en este sentido que debe entenderse la palabra en la epistemología de Kant. Con el concepto anterior de “Trascendental” podemos tratar de esbozar una definición: la Estética Trascendental es la parte de la filosofía crítica que trata de aislar los elementos a priori de la sensibilidad, es decir, de nuestra percepción de los objetos. Otra forma de decir esto: ¿Qué elementos en mí me permiten percibir objetos?
[…]Sean cuales sean el modo o los medios que un conocimiento se refiera a objetos, la intuición es el modo por medio del cual el conocimiento se refiere inmediatamente a dichos objetos y es aquello a que apunta dodo pensamiento en cuanto medio. Tal intuición únicamente tiene lugar en la medida en que el objeto no es dado. […] La capacidad (receptividad) de recibir representaciones, al ser afectados por objetos, se llama Sensibilidad. Los objetos nos vienen, pues, dados, mediante la sensibilidad y ella es la única que nos suministra intuiciones. Por medio del entendimiento, los objetos son, en cambio, pensados y de él proceden los conceptos. Pero en definitiva, todo pensar tiene que hacer referencia, directa o indirectamente [mediante ciertas características], a intuiciones y, por consiguiente (entre humanos), a la sensibilidad, ya que ningún objeto se nos puede dar de otra forma.
El efecto que produce sobre la capacidad de representación un objeto por el que somos afectados se llama sensación. La intuición que se refiere al objeto por medio de una sensación es calificada de empírica. El objeto indeterminado de una intuición empírica recibe el nombre de fenómeno. Lo que, dentro del fenómeno, corresponde a la sensación, lo llamo materia del mismo. Llamo, en cambio, forma del fenómeno aquello que hace que lo diverso pueda ser ordenado en ciertas relaciones. Las sensaciones sólo pueden ser ordenadas y dispuestas en cierta forma en algo que no puede ser, a su vez, sensación. Por ello, la materia de todo fenómeno nos viene dad únicamente a posteriori. Por el contrario, la forma del fenómeno debe estar completamente a priori dispuesta para el conjunto de las sensaciones en el psiquismo y debe, por ello mismo, ser susceptible de una consideración independiente de toda sensación. […] [KrV, A19 /B 33]
La consideración de la que habla la define más adelante como la “ciencia de todos los
principios de la sensibilidad a priori” y esto es la Estética Trascendental. Se trata de un
proceso reflexivo (Kant dice aislamiento A22-B 36):
[…] apartar de la representación de un cuerpo lo que el entendimiento piensa de él – sustancia,
fuerza, divisibilidad, etc. – y apartar igualmente lo que en dicha representación pertenece a la
sensación –impenetrabilidad, dureza, color, etc.- me queda todavía algo de esa intuición
empírica, a saber, la extensión y la figura. Ambas pertenecen a la intuición pura, incluso
prescindiendo del objeto real de los sentidos o de la sensación. […] [A 20-B 35]
Esta “representación” en la que no se encuentra nada perteneciente a la sensación es
lo que Kant llama pura, y de ellas dice que se hallan a priori en el psiquismo. Estos
elementos son los únicos que puede suministrar la sensibilidad a priori. Hay que hacer
dos distinciones importantes al separar de la sensiblidad:
· Todo lo que en ella piensa el entendimiento mediante sus conceptos, a fin de
quedarse sólo con la “intuición empírica”, luego: (A22- B36)
· Eliminar de ésta todo lo que pertenece a la sensación, para quedarse sólo con la “intuición pura” y con la mera forma de los fenómenos. (A22- B 36)
Antes de comenzar con la “Exposición metafísica del espacio”, Kant aclara ciertas cosas que son importantes:
Sentido externo = Por medio de él nos representamos objetos como exteriores
(forma :espacio) a nosotros y como estando todos en un espacio.
Sentido interno = Por medio del cual el psiquismo se intuye a sí mismo o su
(forma: tiempo) estado interno. (no suministra intuición alguna del alma)
El tiempo no puede ser intuido como algo exterior, ni tampoco el espacio como algo en nosotros. (A23- B 37)
Espacio
Exposición metafísica
1. El espacio no es un concepto empírico derivado de la experiencia externa. Es una suposición necesaria para poder observar (intuir) cualquier cosa. Puedo observar que una cosa está siempre en algún lugar particular, o más correctamente, que toda cosa ha de encontrarse en algún lugar, cualquiera que sea. Ello es una verdad universalmente válida y necesaria (es decir, a priori). El espacio no es, ni deja de ser, un lugar, más bien, es la condición imprescindible donde las cosas han de encontrarse.
2. El espacio es una necesaria representación a priori que sirve de base a toda las intuiciones externas. Jamás podemos representarnos la falta de espacio, aunque sí podemos pensar que no haya objetos en él. El espacio es:
a. Condición de posibilidad de los fenómenos.
b. Una determinación no dependiente de ellos.
c. Una representación a priori en la que se basan necesariamente los fenómenos externos.
En consecuencia, tal representación no puede tomarse, mediante al experiencia, sino que esa misma experiencia externa presupone o es posible gracias a dicha intuición pura.
3. El espacio no es un concepto discursivo, sino una intuición pura. Sólo podemos hablar de un espacio único. Cuando se habla de muchos espacios, no se entienden por tales sino partes del mismo espacio único y lo presuponen. Se puede hacer una mesa componiendo las patas y el tablero, pero no se puede construir el espacio amontonando diferentes porciones de espacio encima de otras, o colocándolas unas junto a otras. Esto es imposible a priori, porque las condiciones de colocarlas ‘unas encima de otras’ o ponerlas ‘unas junto a otras’ presuponen ya el espacio; estas expresiones ya son en sí ‘espaciales’.
Exposición Trascendental
1. El Espacio, como intuición pura, hace posible la geometría como una Ciencia, pues permite formular “juicios sintéticos a priori”, tales como: “ el espacio sólo tiene tres dimensiones”.
Tiempo
La Exposición metafísica del tiempo es muy parecida a la del Espacio.
1. El tiempo no es un concepto empírico extraído de alguna experiencia. No puedo experimentar nada sin presuponer el tiempo. Observo que dos cosas ocurren simultáneamente o que una sucede a la otra. (sucesión y simultaneidad). Pero yo no podría hacer tal observación si no tuviera ya la idea del tiempo. Hablamos de medir el tiempo, pero eso no debería llevarnos a suponer que el tiempo es un “proceso empírico”. Pues no existe ningún proceso de tiempo. Hay innumerables procesos – biológicos, fisiológicos, químicos, etc.– pero entre ellos no hay ninguno que se llame proceso de tiempo. Es una proposición universalmente válida y necesariamente verdadera que todo evento y proceso ocurra en un momento dado en el tiempo, y que todo proceso dure un cierto tiempo, pero el tiempo mismo no ocurre en un cierto punto en el tiempo ni dura por si un cierto tiempo.
2. El tiempo es una condición necesaria. Uno no puede imaginarse un mundo que no esté en el tiempo, es decir, un mundo donde nada suceda ni antes, ni al mismo tiempo, ni después de otra cosa. Uno puede, según Kant, imaginar fácilmente un tiempo en donde no sucede nada, pero no algo que sucede “fuera” del tiempo.
3. El tiempo posee una sola dimensión. No está constituido por la suma de unidades temporales, ya que sumar unidades de tiempo significaría que una unidad de tiempo sigue después de otra, pero en el ‘sigue después’ se presupone ya el tiempo.
4. El concepto de cambio, y con él el de movimiento sólo es posible gracias a la intuición del tiempo y a través de ella, igualmente. Sólo en el tiempo, pueden hallarse conexiones entre predicados contrarios sobre una misma cosa.
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